La cabaña

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La cabaña

Notapor Vanidades el Mar Oct 27, 2009 12:25 am

Notaba tus manos frías bajo el edredón de cuadros que cubría la cama. Nuestros cuerpos jugueteaban al despiste entre la oscuridad de las sabanas afelpadas.

La chimenea crepitaba calentando la cabaña que habíamos alquilado ese fin de semana. Fuera no paraba de nevar, así que habíamos bromeado con la posibilidad de que esa furtiva escapada se alargara más de los dos días previstos.

Para el resto de mortales tú estabas en un simposio sobre tecnología avanzada, y yo en una feria de antigüedades. Al menos no habíamos mentido del todo con el lugar, los dos habíamos dicho Madrid, y allí estábamos, o por lo menos un poquito cerca.

La cabaña la habíamos alquilado por internet, en un pueblecito perdido de la sierra madrileña, y el lugar no podía ser más idílico.

A mí me habían tenido que subir unos vecinos del pueblo, pues con mi coche habría sido imposible, y tú, no sé, te vi aparecer entre la nieve, cual montañero experimentado.

Ninguno de los dos habíamos traído maletas, lo puesto y ya está, ¿para que más?, la cabaña ya estaba surtida de todo lo necesario para sobrevivir en ella cuatro o más días, y nosotros no teníamos pensado salir de ella absolutamente para nada.

Y ahí estábamos los dos, escondiéndonos del mundo como dos adolescentes. Tu risa llenaba la habitación, como los cantos de los pájaros la primavera. Hundí mi nariz en tu pelo, olía a leña, a resina de los pinos, como el resto de tu cuerpo que desprendía aroma a naturaleza.

Permanecías tumbado boca arriba con las manos bajo tu cabeza, yo de lado pasaba mi pierna izquierda sobre las tuyas. No me cansaba de admirarte, eras como te había imaginado, tu piel tenía el color de la arena húmeda, tus ojos encerraban todo el brillo del sol, tu pelo se arrebolaba como las hojas de los arboles mecidas por el viento, y tu sonrisa, tu sonrisa era como el universo.

Te levantaste perezosamente para ir a por más leña, yo me acurruqué boca abajo y observé de soslayo como te ponías tu abrigo y salías descalzo. El frio que entró por la puerta erizó mi piel, y hundí la cabeza entre las almohadas.

Oí como se volvía a abrir la puerta, ¡que pronto! (pensé), entonces noté como retirabas con cuidado el edredón con la sabana y… ¡Ah!, Pusiste un puñado de nieve sobre mi espalda, salté de la cama como impulsada por un resorte, y mientras me quitaba la nieve de encima te vi reír y salir corriendo. Intenté cogerte por el abrigo, pero me quedé con él en la mano, y tú saliste completamente desnudo.

Verte brincar por la nieve mientras escuchaba tus alegres carcajadas me llenó de felicidad, era la imagen más erótica que jamás hubiera presenciado. Tus músculos se movían acompasados como dirigidos por un invisible director de orquesta. Yo salí también desnuda tras de ti, no pude evitarlo, al principio noté un frio punzante, pero a los pocos segundos ya no sentía nada.

Al verme abriste los brazos en cruz para recibirme, y yo me lancé contra tu cuerpo, caímos rodando por la nieve, los dos desnudos, riendo, vi lagrimas de alegría inundar tus ojos, nos besamos, y tu fuego me llegó muy dentro.

Te levantaste y me cogiste en brazos, como los novios cogen a las novias para cruzar el umbral, y eso hicimos, cruzar el umbral de nuestro pequeño paraíso de madera.

Me dejaste sobre la alfombra de pelo natural que descansaba frente a la chimenea, nos tumbamos apretados, acoplados, tapándonos con la manta del sofá, y allí, viendo caer la nieve y escuchando el ulular del viento, permanecimos toda la noche.

Me quedé dormida entre tus brazos y al despertar te vi despierto:

- ¿has dormido? (te pregunté)

- No, no quería perderme ni un solo segundo de este encuentro. (Dijiste clavando tus ojos en los míos)

En tu mirada lo vi todo, en ella estaban todas las respuestas, el significado de todo aquello que hasta ese momento no había comprendido, en tus ojos, encontré la verdad, mi verdad.

Todo el amor acumulado a lo largo de los años, floreció en mi piel, y observando tu imagen supe, que lo había estado guardando para ti.

Mi camino estaba ahí, el ligero hilillo de suave vello que unía tu pubis con tu ombligo fue mi senda, el principio de un largo viaje donde descubrir tus esencias, tus aromas, tus sabores, descubrirte fue mi meta.

Tu piel cálida, tostada, era el desierto en el que perderme, tus labios esponjosos el maná de mi perdición, tu espalda mi estepa.

Y buceé entre tus sentidos, despertando en ti cada gemido, cada escalofrió, tu cuerpo se abría a mí como las flores al sol, y bebí de tu rocío, me embriagué de tu sudor.

Te amé, como sólo se aman los amantes que lo tienen prohibido, y eso, éramos tú y yo.

El tiempo se consumía al ritmo de la leña, y las cenizas crecían formando montones grises que nos recordaban la proximidad del fin.

Nos comimos y nos bebimos, nos consumimos el uno al otro, nos impregnamos de nosotros, fuimos egoístas intentando desgastar el cuerpo ajeno para podernos llevar más.

El amanecer se juntaba con el día, con la tarde, con el anochecer, no había tiempo, el reloj paró sus manecillas, y nosotros le robamos momentos al día. Pero por más que aprovechamos, por más que quisimos rebañar los minutos, el tiempo pasó, y en tus mejillas la palidez me habló de despedida.

Hundí mi cara en el hueco de tu cuello, e inspiré el aire que te cubría mientras sentía tus manos resbalar por mi cadera.

- Vete tú (te dije bajito), yo no podría.

- Vente conmigo (me dijiste melancólico)

- Sabes que no puedo

- Pues voy yo

- Sabes que no puedes

Tu mirada se nubló y tus labios besaron los míos, con un beso lento, nostálgico, eterno.

Te diste la vuelta y saliste por la puerta que anteriormente fue testigo de tu desnudez, pero ahora ibas vestido, y te vi caminar por la nieve, sin mirar atrás, sin girarte una última vez, y allí me quedé, mirándote, desnuda, envuelta en nuestra manta. Desapareciste con ese paso firme que tienen los montañeros experimentados, mientras los copos seguían cayendo, lánguidamente
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Re: La cabaña

Notapor Anna el Lun Nov 09, 2009 10:38 am

Tu relato tiene de todo Vani, erotismo, alegría, lo prohibido, tristeza, y el temido adiós.

Es una de tus caracteristicas cuando escribes, que eres capaz de hacer sentir al lector un crisol de emociones sin que resulte pesado o chocante, si no todo lo contrario.

Precioso de verdad.

Hace querer estar en esa cabaña, y aquí tan cerca.
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Re: La cabaña

Notapor Vanidades el Jue Nov 12, 2009 12:30 am

Si la verdad es que la cabaña apetece. Mmmmm
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